Carlos Aquiles Oróstegui: “Cualquier parte de una pieza antigua sirve como evidencia de que existió, eso es muy importante”

El vecino elquino se ha convertido en un verdadero rescatista de la historia de la comuna, preservando una parte del tiempo, a través de la conservación de elementos que fueron desechados y que él les dio una nueva vida.

Don Carlos Aquiles Oróstegui Varas tiene 91 años de vida, es vicuñense y un respetado habitante de la comuna elquina, reconocido por su dedicación a la enseñanza, a las artes y al rescate patrimonial.

Nació un 23 de marzo de 1933 en una antigua casa ubicada en la esquina de calles Chacabuco con Riquelme, la que se mantiene en pie hasta el día de hoy. Hijo de Celiar y Sabina; nieto de Eloy y Aurelia. Sus raíces familiares son descendencia vasca.

Clara Luz Rivera Castillo fue su esposa, con quien tuvo a sus dos hijos Carlos Roberto y Alex Fernando. Compañera de vida que falleció hace tan sólo 5 años.

Desde muy joven se interesó por la carpintería, conocimientos que le permitieron crear y restaurar muebles de alto valor patrimonial. Por otra parte, una de sus grandes pasiones y ocupaciones fue la enseñanza, materia de la que se tituló como profesor de enseñanza general básica en la Universidad de Chile. Por más de 30 años fue maestro de escuela en la ciudad de Vicuña.

En el marco de la celebración del Mes de los Patrimonios, don Carlos Aquiles abrió las puertas de su hogar, la que que data del siglo XIX, ubicado en calle O’Higgins #274. El objetivo principal era que la comunidad pudiese conocer su casa, la que ha convertido en un verdadero museo, en donde se pueden apreciar elementos antiguos, entre ellos un reclinatorio, cristalería, un fonógrafo y filtros de agua hechos de piedra. Además, exhibió parte de sus obras plásticas hechas por sus propias manos bajo diferentes técnicas de pintura.

Luego de esa oportunidad, don Carlos Aquiles acepta conversar con un equipo del Departamento de Comunicaciones de la Municipalidad de Vicuña para contar sobre su historia de vida, de la que puede conocer más en la siguiente entrevista.

¿Cómo recuerda su infancia?

“Para mí todo ha sido tan liviano, muy fácil, porque me he ambientado muy bien. Yo a los 3 años me fui a vivir con mis abuelos, que vivían a una cuadra de donde nací, así que nos comunicábamos con mis padres. El cariño de mis abuelos fue espectacular; no tiene precio”.

¿Qué se le viene a la mente de aquellos momentos?

“Era muy bello. La abuela, la gente de esos tiempos, lo hacía todo; hacía la la harina tostada, las palomitas, unos dulces muy ricos, ella cocinaba. Había un huerto inmenso con muchos árboles frutales: parras e higueras, éstas últimas eran mi sufrimiento, porque era el encargado de ir a recoger higos en la mañana y en la tarde. No sé, fue tan liviano que la vida pasó muy muy… (no continúa) …unas tías vivían con nosotros también. Falleció el abuelo por el año 1939 y se compró una casa en calle Prat #40, muy cerquita de acá, y ahí se siguió con las tías y un tío que nos visitaba”.

¿Cómo recuerda sus años de formación educativa?

“Mi primer año fue en la providencia en donde había de primero a cuarto, pero me aguantaron el primero no más, porque era muy inquieto. Es que me fascinaba tocar un piano y en el salón habían dos. Cuando podía me metía y empezaba a teclear. Terminaba castigado en la esquina de la sala mirando a la muralla (se ríe), ese era el castigo de la época. Mi afición a las cosas bonitas siempre estuvieron presentes desde muy chico, incluso, me dedicaba a dibujar con lápices de colores y ahí me entretenía un montón, así fue pasando el primer año a la escuela n°1 y estuve hasta sexto año. Después, en Vicuña se creó una escuela con el nombre “Escuela de artesanos” que en su primer año fue muy positivo, pero se cambió por decreto a una escuela industrial. Allí, pasé por sus cuatro talleres con muchas habilidades y no tuve problemas en ninguno de ellos. Tampoco era para definirse porque todo me acomodaba. Trabajaba en la fragua, a machoboliar como le decían en esos tiempos, Forjando aprendí a hacer las pailas de cobres que fueron las 3 pocas que se hicieron del número de alumnos. En el otro taller de carpintería se hacía construcción de puertas y ventanas, las aprendí a hacer de muy joven, y después me dediqué a eso. Yo tenía 15 años, el papá tomó un contrato en La Laguna (embalse) para hacer la casa de huéspedes de ese lugar, porque mi padre era constructor, y él me preguntó un día si era capaz de hacer las puertas y las ventanas; yo ningún problema, me fui un mes y medio, por todo enero y mitad de febrero, e hice todas las puertas y las ventanas de esa construcción. Esa fue una experiencia muy buena (…) luego, mirando los muebles antiguos, sobre todo los ingleses que tienen unas líneas muy hermosas, yo pensaba ‘un ser humano hizo eso’ y yo era uno que podía hacerlo también, hice una muestra y me resultó y desde ahí me dediqué a la restauración de muebles antiguos, con más clientes de La Serena y de Coquimbo que de Vicuña, porque la situación no es la misma de esas ciudades y acá hay muchas casas que tienen muebles que son hechos por mí y que parecen muy antiguos”.

“Todo era hecho a mano en ese entonces. Después, en Vicuña, se creó la ‘Escuela Consolidada’ y yo podía hacer clases en la parte que me correspondía dentro de la enseñanza. Posteriormente, cambió el sistema y el nombre a escuela ‘Lucila Godoy Alcayaga’; primero fue D-95, más tarde ‘Escuela Consolidada’. Al cambiar este mecanismo me vi obligado a entrar a la universidad y volver al colegio, así que en la escuela estaba la Universidad de Chile y pude sacar mi cartón de profesor de enseñanza general básica, afortunadamente, con distinción. Con ello pude seguir trabajando con los cursos de séptimo y octavo hasta que salí”.

¿Recuerda sus primeros acercamientos con el arte?

“En una ocasión se me ocurrió decirle al tío, que era como mi segundo papá, que me gustaría tanto aprender a tocar piano y se puso furioso porque para él, como que el pianista varón no le acomodaba, él consideraba que era un instrumento para mujer. Después, empecé de lleno con los muebles, y también, a pintar. En La Serena hice varios cursos, no recuerdo cuántos, sobre arte de técnicas como óleo, pastel, acuarela, entre otras., y estuve en Lo Barnechea, íbamos todo el mes de enero por tres años y las vacaciones de invierno, así que tuve muchas posibilidades de tener bastantes conocimientos en muchos aspectos, como que domino muchas actividades manuales”.

¿Qué significó para usted la enseñanza y los años que dedicó a ello?

“Por suerte, los recuerdos más lindos son de enseñar, me llenó el gusto, me sentí renovado porque personas me recuerdan por lo que les enseñé a los alumnos. Me tenían un respeto tremendo, la comunicación con mis ex estudiantes es muy buena, incluso, ese día que mostré la casa varios de ellos estaban ahí y de otros uno se queda con la imagen de niños y verlos con 60 o 65 años es impactante”.

¿Cómo surge y avanza esta colección de objetos antiguos que han convertido su casa en un verdadero museo?

“No era la intención, la verdad es que veía algo bonito que estaba botado, lo rescataba y lo devolvía a su estado normal de funcionamiento, porque lo que hay en esta casa no lo encontré tal cual, todo fue reparado; cambios de tapiz, piezas rotas que había que restaurarlas y eso es lo que conservo. Es agradable porque se siente cómodo, no importa que sea como en el pasado, pero es cómodo, liviano y estoy feliz”.

¿Qué mensaje entregaría a la comunidad?

“La intención mía cuando abrí las puertas de mi casa para el día de los patrimonios culturales fue para que vieran lo que ha sido rescatado de muchas casas y familias de Vicuña, algunas que ya no están y hay partes de ellos en este lugar. Por esta cuadra (San Martín) para abajo estaban las hermanas Campos que tenían fundo para el interior, y su casa era hermosa como ésta, que es en donde venden cervezas ahora. Más allá, las hermanas Miranda tenían muchas cosas lindas, recuerdo un piano de cola espectacular, y así empiezo a recorrer muchas casas de Vicuña y les pido que no boten, si un mueble se rompió no lo desechen, ofrézcanlo a alguien que quiera restaurarlo (…) cualquier parte de una pieza antigua sirve como evidencia de que existió, es muy importante eso”.

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